He muerto.
Me desangro en un charco de agua mientras la gente camina alrededor mío, soy una sombra perezosa que se ha dormido en aquella esquina del ojo que no molesta a nadie.
Caigo perdiendo la fuerza de mis piernas, me ha apuñalado el viento y el tiempo me roba la vitalidad. Choco con el abrazo del hedor de un zapato que fue un tropiezo.
Salgo ocultando mi esencia, me disfrazo en recuerdos, camino hacia pasajes largos y salto agujeros llenos de salvación buscando el escape.
Cuelgo a mi padre, quemo las cartas de mi madre, rallo el cumpleaños de mis hermanos recogiendo la llave que me dio Soledad.
Me despierto con la verdad goteando de a poco, con las mentiras en las cenizas de la estufa, contigo.
Mañana tomaré una gran decisión, espero despertar para verlo.
A Nay, por mi alegría culpable.
El que camina junto al rayo
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Los últimos ecos de los címbalos aún resonaban dentro del Gran Salón cuando
un ruido más fuerte, vibrante, con un poder que no podría venir de este
mundo, ...
Hace 1 semana
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