Nació cálido dentro de mi, una semilla escondida y latente, amarrada por los valores de la cinta magnetica, oculta del sol y las estrellas en sus trajes de oficina. Sola y triste la adopte en un sucucho. Le mostré el lugubre mundo de luces falsas y flores plásticas, de néctares estériles y primaveras frívolas.
En la oscuridad no hay escondite, en la sombra no hay recovecos, la claridad de lo que se nos niega no nos puede cegar ¡alumbrad vuestra demacrada razón! Solo entonces mis ojos atontados por el espectro de colores pudieron ahorcar la realidad, desgarrar sus vestidos y comerme sus ojos, solo entonces la policía llego y mi ropa se ensucio por la sangre de la chiquilla.
Yo estaba contento, fui libre y feliz. Ninguna silla me podrá quitar eso.
El último eco
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El portazo, el eco de aquel golpe, las reverberaciones que la furia le
impusiera a aquel gesto aún no morían dentro del castillo vacío, seguirían
escuchánd...
Hace 2 días