Tristes pensamientos iluminan mi camino bajo el manto de la suave garúa. El frescor de la liviana humedad no hace contraste con mi pesado interior, calientes nubes verborreicas a punto de romper en trueno.
Un crujiente caracol se desliza por mi suela. Al girarme está la pared, al voltearme está la pared y la puerta al frente se mantiene tibia por la sombra de un portazo.
El último eco
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El portazo, el eco de aquel golpe, las reverberaciones que la furia le
impusiera a aquel gesto aún no morían dentro del castillo vacío, seguirían
escuchánd...
Hace 16 horas
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