El primer libro que leí fue sobre simbad, con sus hojas secas y sus contornos mareantes, de allí no he parado. En viajes de mar he sazonado mi lectura involuntariamente, al leer un poco hay una cucharada embriagadora de un lugar, un sonido y un olor. Algunos son intoxicantes, solo con tocarlos mi mente me abandona y se entrega a la lectura palatina.
Hay otros que son más neutros, que inspiran imprimirse en mi pasar. Normalmente viven de las comparaciones y son frutas maduras que se agrian solas, excitadas por el finiquito.
Si la gente puede leer a otra gente, ¿qué sabor tendré? cuando me respondan la mirada con "me comes con tus ojos" quizás los cierre para relamerme de su sombra.
El último eco
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El portazo, el eco de aquel golpe, las reverberaciones que la furia le
impusiera a aquel gesto aún no morían dentro del castillo vacío, seguirían
escuchánd...
Hace 2 días
1 comentario:
El ''sabor'' de cada uno depende de sus lecturas, sus experiencias y sus necesidades. Es como el aroma de la comida bien condimentada.... Irresitible.
Saludos
J.
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