miércoles, 30 de junio de 2010

Memorias VII

De la tristeza a la soledad, hay algo que llama a la calma con una fuerza que despierta el eco de la sonrisa, algo que recuerda a la planicie, el campo y al cordero inocente hijo del invierno.

Las estrellas no indican nada. No hay mapa a seguir, de hecho pocos saben que es, pero seguro que no tiene dueño.

Debe ser algo bello y de naturaleza compleja, pues por el solo hecho de existir nos complica la existencia. Debe ser una mujer.

Y de tantas, de todas ¿cuál? ¿cómo discernir? ¿será por sus ojos, por su voz o llamará su alma expresando pesar?.

Me han dicho que aparece en sueños con ojos que invitan a la paz, con un tono de razón, una esencia que busca la primavera y su ser… su ser que busca la sangre para nutrir el cerezo, sangre de un amor tortuoso y delicioso.

¡Crece flor del dolor, flor del amor, flor madre de un mañana de roja miel!

Dedicado con mucho afecto para Sakumane como regalo de cumpleaños. 28/10/08

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